«No me calza que una pura persona haya hecho todo sola»

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Luis Sepúlveda, papá de Mariana Loreto, la estudiante desaparecida hace 18 años en Conchalí

Dice que desde que su antiguo vecino se autodenunció, con su esposa han vuelto a revivir la pesadilla de la desaparición de su hija: En las noches hemos vuelto a llorar juntos.

Luis Sepúlveda (60 años) recuerda que la tarde del 29 de agosto de 2008 él iba bajando en moto por avenida José Arrieta. Venía de vuelta de su trabajo, como encargado de los jardines Arboretum de Peñalolén, cuando su celular empezó a sonar. Era su hija mayor Carolina. «Estacioné frente a una población de Carabineros. Me contó que la Loreto había desparecido y de ahí no me acuerdo cómo llegué a mi casa. Fue una pesadilla».
Desde el domingo 6 de septiembre pasado, Luis ha revivido en su mente esa escena una y otra vez. También que esa mañana de hace 18 años, cuando salió de su casa a las 7, Mariana Loreto (19), la segunda de sus seis hijos, aún dormía. Más tarde, la estudiante se levantó para ir al colegio y se despidió de su mamá, Marta León. A partir de ese momento su rastro desapareció para siempre en el mismo Pasaje Logroño de Conchalí, donde vivían.
El domingo 6, Ghislain Quiroz Carrizo (42), antiguo vecino de los Sepúlveda León, se autodenunció en la 5ª Comisaría. Aseguró que ese 29 de agosto mató a Mariana, la enterró en su pieza y que cinco años después se deshizo de sus restos, arrojándolos a un camión de basura.
El viernes 11, Luis, Marta y sus dos hijos menores -Tabita e Isaac- estuvieron en la formalización del sujeto, quien presenta dificultades motrices y cognitivas producto de un ACV que sufrió en 2023. La juez Elizabeth Melero, del 2° Juzgado de Garantía de Santiago, lo dejó con retención provisoria en el Hospital Penitenciario. Horas más tarde, tras recibir un informe de la PDI, la misma magistrado lo sobreseyó de manera total y definitiva. Argumentó que el homicidio calificado que se le imputa prescribió debido a que pasaron más de 15 años.
Luis siente que con esta medida el proceso judicial volvió al punto de partida: «Lo único que pedimos es que no dejen de investigar. No queremos revivir todo cada cierto tiempo».
Volver a llorar
En estos días, Luis ha estado más sensible. «Hemos revivido todo. Ha sido terrible. La Marta es bien fuerte y dura en este sentido. Yo la admiro mucho. Pero estas noches hemos vuelto a llorar juntos. En el día me escondo para que no me vea y en la tarde a veces le digo que me voy a ir a la pieza a descansar. Pero en realidad quiero llorar, desahogarme y conversar con Dios. Igual ella se da cuenta y me sigue. Nosotros siempre hemos respetado la pena del otro», cuenta.
¿Nunca enfrentaron una crisis después de esta experiencia tan traumática?
«Nosotros llevamos 43 años juntos. Empezamos cuando éramos cabritos. Ella tenía 14 y yo 17. Nuestras tres hijas mayores nacieron cuando estábamos pololeando (ríe), después nos casamos. De repente uno pelea, como todo matrimonio, pero mi señora es todo para mí y nos llevamos súper bien a pesar de lo que pasamos. Nunca ninguno de los dos ha culpado al otro o le ha echado en cara algo por la desaparición de la Lore. En estos días, por ejemplo, no he ido ir a trabajar porque no quiero dejar a la Marta sola con toda esta pena».
Luis relata que los primeros dos meses después de la desaparición de su hija con su señora dejaron los pies en la calle. «Veíamos que nadie la buscaba, así que recorrimos todo el barrio, la comuna. Les mostrábamos su foto a los adictos y les preguntábamos si la habían visto. Fuimos hasta a los vertederos de Quilicura a buscarla. De repente recibíamos un llamado a las tres de la mañana, diciendo que la habían visto en tal parte, y partíamos para allá».
¿Cómo cree que la justicia ha llevado su caso?
«Esta investigación se hizo mal desde el principio. Imagínese que después de 18 años todavía no tenemos una respuesta concreta porque no se hizo el trabajo como corresponde. Cuando pusimos la constancia, altiro nos dijeron que la Loreto no era la única que estaba perdida y nos colocaron a una carabinera inexperta. El fiscal que tenía el caso en ese tiempo (Patricio Cooper) era un desastre. Y pasaban cosas muy raras. Estábamos reunidos con Carabineros, entregando datos de la Lore, y justo recibían un telefonazo que la niña había sido vista en una feria de Renca, todos partíamos para allá y la reunión quedaba botada. Hubo muchas pistas falsas. En un momento salió hasta un carabinero diciendo que lo habían obligado a bloquear su teléfono, pero nadie investigó eso».
¿Y la investigación actual?
«El fiscal Marcelo Cabrera y nuestra abogada Fabiola Aliante están haciendo un buen trabajo».
Una niña alegre
Luis se emociona cuando recuerda la personalidad de Mariana: «Mi hija tenía su carácter, pero era una niña súper alegre. Cada vez que pienso en ella la recuerdo con su misma carita sonriendo, tal como aparece en las fotografías.
Era muy difícil que la Lore anduviera enojada. Me acuerdo que cuando se reía, hacía un gesto, recogía un poquito los hombros».
A la joven le gustaba jugar a la pelota en el pasaje con sus hermanos menores. «Isaac tenía 5 cuando ella desapareció. Era su regalón. La Tabita tenía 8, la Lore le hacía trenzas y le decía que era Ronaldinho. Jugaban fútbol con mi otro hijo David, que tenía 12 y ahora vive en Estados Unidos, y con los dos hijos de este muchacho».
El muchacho en cuestión es Ghislain Quiroz. «Cuando estuve en la audiencia y escuché su confesión pensé que puede que haya sido él, que haya estado enfermo y que lo haya sabido ocultar muy bien. Pero siempre voy a insistir en una pura cosa. Se requiere mucho tiempo para hacer una excavación y después para hacer otra y sacar los restos y botarlos a la basura. No me calza que una pura persona haya hecho todo sola. Cuando mi hija se perdió vivía mucha gente en esa casa. Su papá estaba vivo, sus dos hermanos. Mi hija desapareció un viernes, ¿cómo al día siguiente, que era sábado y la familia no tenía que salir a trabajar, nadie notó algo raro en esa casa? La hermana de él se quitó la vida después. Todo me parece raro ahora. Pero, bueno, tenemos que dejar que la justicia haga su trabajo y ojalá nos den una respuesta bien concreta».
¿Ustedes se fueron del pasaje para cambiar de ambiente, por sanidad mental?
«Nos costó mucho tomar la decisión. Después de cinco años se nos dio la oportunidad de comprar para acá. La Marta no quería, se ponía a llorar, sentía que iba a dejar a su hija atrás. Pero yo sabía que tenía que sacarla de ahí porque me conversaba todos los días casi las mismas cosas. Aparte mis hijos lloraban harto por su hermana, porque ya no estaba.
Y ahí con la Marta inventábamos cosas para entretenerlos. Los sacábamos a andar en la camioneta. Muchas veces nos acompañaron a buscar a la Lore. Hasta que fueron creciendo. Ninguno fue al sicólogo. Yo realmente no sé si en su mente les afectó toda esta situación. Pero nos preocupamos mucho de criarlos sin odio».

 

«Cuando mi hija se perdió vivía mucha gente en esa casa», Luis Sepúlveda

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