Once personas fueron detenidas en Coquimbo, cuando se les acabó el combustible
Cinco integrantes de la banda se reunieronen la profundidad de Calama para hacer una transacción de cocaína y marihuana con extranjeros.
En pleno desierto de Atacama -lejos de miradas indiscretas y donde el silencio es rey- una organización criminal se dedicó por meses a gestar los traslados de droga que se realizaban entre el norte y la Región Metropolitana. Pero un descuido, ocurrido justamente el jueves pasado, hizo que la Policía de Investigaciones (PDI) detuviera a once integrantes de la banda, luego de una persecución incógnita que cruzó dos regiones y se extendió por más de mil kilómetros.
Cuenta el inspector Francisco Díaz, de la Brigada Antinarcóticos Metropolitana Sur, que hace un año la policía se enteró que existía una organización criminal que comercializaba marihuana y cocaína, en sus distintas versiones, entre la zona norte y central del país. Pillarlos en la acción era difícil, pero gracias a la diferentes técnicas de investigación, entre ellas, las interceptaciones de llamadas telefónicas, menciona Díaz, la PDI averiguó el día y lugar en que los delincuentes iban a repletar con droga una camioneta para trasladarla desde Calama hasta las comunas del sector sur de la Región Metropolitana. Jueves, en la madrugada, era el día.
La ruta del desierto
La primera transacción ocurrió en la Región de Antofagasta, en medio del desierto y en un camino intransitable entre las ciudades de Calama y María Elena. En ese punto, asegura el inspector Díaz, unos extranjeros -hasta el momento anónimos- les entregaron 1.180 kilos y 420 gramos de droga a cinco integrantes de la banda, quienes subieron el cargamento en la parte trasera de un furgón. Toda la transacción fue de madrugada.
«Sabemos que eso ocurrió en lo profundo del desierto porque en ese punto los que recibieron la droga se perdieron en la ruta hasta que aparecieron nuevamente en el sector de Tocopilla, donde retomaron la ruta 5 Norte en dirección al sur», describe.
Para no ser detectados por policías o carabineros los cinco integrantes de la banda, cuya labor era trasladar la droga, se repartieron en tres furgones, uno de ellos con el cargamento, y recorrieron más de mil kilómetros usando la afamada técnica delictual de la punta de lanza.
«La punta de lanza es un recurso muy utilizado por los delincuentes para transportar droga. Lo que hacen es dividirse en vehículos. Los que van más adelante realizan la función de escolta y se encargan de avisarles a los que están atrás con la droga sobre los controles policiales que hay en el camino. En este caso avisaban por whatsapp o por aplicaciones de mensajería», detalla el inspector.
Así, los cinco delincuentes iniciaron el camino, en dirección a Santiago, repartidos en tres furgones que entraban y salían de la ruta 5 Norte, dependiendo de los controles. Los que iban de escolta, asegura Díaz, mantenían siempre uno o tres kilómetros de distancia del furgón que llevaba la droga.
El descuido
El plan inicial de los cinco integrantes de la banda, cuyo rol era trasladar la droga entre regiones, era hacer turnos de conducción y parar lo menos posible para evitar cualquier tipo de control de identidad o fiscalización.
Pero cuando habían recorrido más de mil kilómetros, a la altura de Coquimbo, justo en la salida sur de la ciudad, uno de los furgones escolta se detuvo para abastecerse de combustible. El otro furgón escolta lo acompañó y esperaron juntos a que llegara el tercer vehículo cargado con la droga.
«Los veníamos siguiendo desde Calama sin llamar la atención. Esperamos que se estacionaran los tres furgones, hicimos los controles y los detuvimos. Gracias a este procedimiento logramos detener a once personas en total», destaca el inspector Díaz, quien agrega que otros seis delincuentes, que tenían el rol de distribuidores, fueron detenidos en las comunas del sector sur de la Región Metropolitana.
Además de los 1.180 kilos y 420 gramos de droga, asegura Ricardo Pavez, jefe de la Brigada Antinarcóticos Metropolitana Sur, la policía incuató pistolas Glock, una escopeta y un fusil de guerra AR15.
«Logramos establecer que hay un vínculo entre los integrantes. También hay familiares que cumplen un rol en el lavado de activos. La banda armó empresas de fachada y compró vehículos de alta gama. Es una de las mayores incautaciones que ha hecho la Policía de Investigaciones», finaliza Pavez.
«Los que van más adelante realizan la función de escolta», Inspector Francisco Díaz.


