Partieron con el aceite de oliva, que viene en un envase squeeze
Otra propuesta diferenciadora de Santa Gota fue separar la categoría en dos. Ofrece un producto para cocinar y saltear, y otro para aderezar y terminar.
A Christopher Dunsmore y Gonzalo Prieto se les ocurrió una idea de negocio al recorrer un supermercado en Brasil. Mientras paseaban por los pasillos veían comida sana por todos lados y envases con actitud, hasta que llegaron a la góndola del aceite de oliva. «Veinte botellas iguales, todas serias, todas doradas, todas hablando de pureza y de tradición. Una categoría entera vestida de mantel largo. Volvimos a Chile y era la misma película no solo en el caso del aceite, sino también en varias otras categorías. Buen producto, marca durmiendo la siesta. Pensamos que lo que faltaba no era un aceite de oliva más, sino alguien dispuesto a chasconear esto. Así nació, en octubre del 2025, Santa Gota», explica Dunsmore.
Gonzalo Prieto dice que, al momento de partir, no tenían mayores conocimientos sobre los aceites de oliva. «No saber tiene su gracia, porque uno no tiene vicios que defender. Aprendimos a pulso. Recorrimos almazaras, catamos hasta que el paladar dijo basta, definimos los productos, seleccionamos los envases, diseñamos y construimos la marca».
Un elemento que llama la atención de Santa Gota es la propuesta diferenciada de productos. Tal como destacan en sus coloridas etiquetas, uno de ellos es para Cocinar y Saltear y el otro para Aderezar y Terminar. «Suena raro hasta que uno se acuerda de que nadie usa el mismo cuchillo para el pan y para el asado. «El primero de ellos es una mezcla de Arbequina y Arbosana, que se lleva bien con todo lo que pongas en la sartén. Al calor pierde solamente aromas, deja las grasas buenas, antioxidantes y Vitamina E», comenta Christopher Dunsmore.
Aderezar y Terminar es una mezcla predominante de Picual con Arbequina. «La Picual es intensa: pica, amarga un poquito y huele a hierbas, tomate y pasto recién cortado. Precisamente por eso lo recomendamos para ponerlo arriba del plato, en la tostada, la ensalada o el queso», agrega.
«De focus group nada, pura convicción», dice Gonzalo Prieto frente a la pregunta de si hicieron algún estudio que les confirmara la necesidad de trabajar un envase como el squeeze. «Sabemos que lleva años creciendo fuerte en EE.UU. A la vez, es el que usan los chefs en sus cocinas porque permite dibujar el plato, no derramar ni echar de más. Es más seguro porque no se quiebra, no gotea por el costado y es completamente opaco, así que protege perfectamente el aceite de la luz».
La experiencia de Santa Gota no termina cuando el envase queda vacío, porque en ese momento entra en escena una lata de recarga que desarrollaron -según explica Christopher Dunsmore- para resucitar el squeeze. «El aluminio es 100% opaco, así que cuida el aceite de la luz mejor que el vidrio. Además, sacamos el oxígeno en el proceso de enlatado, lo que hace que el aceite se mantenga mejor y por más tiempo sin que parta su proceso natural de oxidación. Junto con lo anterior, se trata de un envase liviano, que no se quiebra, es fácil de transportar y es reciclable».
En cuanto a los canales de venta, Santa Gota está disponible en su e-commerce (https://s.lun.com/sanmnv), en BOOZ y están entrando a Mercado Libre FULL. «En paralelo, cerramos los acuerdos con las principales cadenas de supermercados. La góndola parte en las próximas semanas, de Arica a Punta Arenas. Ahí se juega el partido de verdad».
Se vienen dos nuevas categorías en los próximos meses
Santa Gota ya está trabajando en el desarrollo de otros tres productos, dos de los cuales debieran salir al mercado en los próximos meses. «La lógica es la misma que el aceite, agarrar el squeeze y la lata para llevarlos a otras categorías masivas que llevan años dormidas en la góndola. Hay varias que están ahí quietecitas, sin sospechar nada», cuenta Gonzalo Prieto.
Agrega que la misión de la empresa es transformar categorías tradicionales en experiencias simples, cercanas y disfrutables para el día a día. «Para lograr ese objetivo hay cuatro pasos. El primero es buscar qué la hace incómoda. En el caso del aceite de oliva era el vidrio, el chorro que sale cuando quiere, la botella que queda pegajosa y esa sensación de que hay que tener un diplomado para elegir bien. El segundo es arreglar esa incomodidad con producto y no con publicidad. El envase squeeze resuelve el uso, la lata resuelve la recarga y separar la categoría en dos resuelve la duda de cuál llevar».
Christopher Dunsmore detalla los siguientes pasos. «El tercero es hablar como habla la gente. Sin catas, sin solemnidad y sin andar diciéndole a nadie cómo tiene que comer. Y el último es ganarse la góndola, ese espacio es para nosotros el primer medio de comunicación de la marca. Tienes tres segundos y un competidor a cada lado. Si el envase no detiene al consumidor ahí, no hay campaña que te salve».


