Clínica inició acciones legales contra el periodista por no pago
El conductor del Mucho gusto da sus razones para no reconocer la deuda y se mete en un tema mucho más grande.
El sábado 28 de febrero de este año, José Antonio Neme estaba animando el último capítulo de «Only Viña», en el Hotel Sheraton, cuando recibió la llamada telefónica que ninguna persona que tiene una mascota internada quiere recibir. Ahí le informaron que Frodo, su bulldog francés, había muerto. El periodista se encerró en su pieza y lloró por dos días. Cuatro meses después de ese momento, el animador está reviviendo todo, pero por motivos legales. La clínica veterinaria Nueva Costanera, donde llevó a su mascota para que lo trataran de una pancreatitis y de la cual habría salido con una neumonía (falleció en otro centro) inició acciones legales contra él por no pago. El profesional se niega a reconocer la deuda, explica por qué lo hace y de paso se mete en un tema que toca a muchos chilenos.
Lo que no contó Neme. Tras la muerte de Frodo, Neme nunca entregó detalles de lo que vivió con su mascota mientras trabajaba en el Festival de Viña. «Es que fue tan terrible lo que viví. Frodo tenía cuatro años y era un perrito sano. Empezó a dejar de comer, tenía la guatita hinchada. Entonces, yo lo llevé a esta clínica, porque me quedaba próxima a mi casa y quedó internado con una pancreatitis el miércoles. Yo me iba a Viña el viernes. El viernes dilaté lo más que pude la salida de Santiago y de la clínica me dicen que el perro estaba mejorando, pero que no quería recibir alimento. Entonces yo llevé de mi casa una papilla con pollo, algunas vitaminas y huevito. Llené una jeringa y se la di en la boca. Después le di otra. Entonces le digo a la persona de turno: ¿Se da cuenta que el perro no tiene deseos de comer pero ya no tiene náuseas y ya no rechaza la comida? No le pongan ningún tipo de alimentación por sonda, no es necesario. Entonces ella empieza con que era parte del protocolo y le digo: No, no lo hagan, porque este perro tiene una nariz muy chatita. Quiero que lo alimenten con jeringa. Bueno. Contrario a mi voluntad, le ponen una sonda», recalca.
«El martes me dicen: Es que ahora tiene una neumonía. Les dije: ¿Cómo tiene una neumonía? Me dijeron: Es que a veces el perro aspira su vómito. Pero si el perro no ha tenido vómitos. Después estaba en el matinal, me llaman y me dicen: El perro no está respirando. Se está ahogando. Dejé el programa botado, tomé el auto, y en eso me dicen: Vamos a tener que derivarlo a otra parte. Ya no lo podemos tratar. Yo desde el auto llamé a César Villalta, de la clínica Vets, para que me recibiera al perro, porque era el único lugar donde podían ponerle respiración mecánica. Llego a la clínica y una mujer me empieza a cobrar la cuenta. El perro estaba morado, tenía la lengua azul. Lo metieron a la ambulancia (y se lo llevaron). Después me llama el médico de la clínica Vets y me dice: Los dos pulmones están prácticamente llenos de comida o de algo. Yo creo que la sonda tiene que haber quedado mal puesta y en vez de la comida pasar al estómago, pasó al pulmón. Entonces, el perro terminó ahogándose. El caso de Frodo se les escapó de las manos, yo no estoy diciendo que haya habido dolo, ni que ellos lo hayan querido matar. No, se le fue de las manos el caso. Y me lo entregaron muy tarde cuando el perro ya estaba a punto de morir. Eso fue lo que pasó», asegura.
La rabia, la represalia. Cuando aún vivía el duelo por la partida de Frodo, José Antonio cuenta que volvió a tener noticias de la clínica Nueva Costanera. «Me escribieron para cobrar la cuenta, no para saber cómo estaba el perro. Obviamente, sabían que había muerto, porque fue la portada del diario. Nunca me hicieron llegar la ficha, qué le pasó, nada, ni una explicación. Entonces yo les dije: Mira, por las circunstancias de la muerte del perro, yo creo que la suma que ustedes me están cobrando -la plata me da lo mismo- yo la desconozco. Yo no les pedí un servicio de sonda y ojalá lo hubieran derivado antes, a lo mejor el perro se habría salvado. No me cobren a mí todo lo que ustedes, por propia voluntad, hicieron, yo no reconozco esa deuda. Lo mejor que podemos hacer es que un tribunal determine si es que hay deuda o no».
La acción legal. Ante la negativa de Neme, el periodista fue notificado ahora de una demanda. En ella se solicita una «gestión preparatoria de confesión de deuda» en contra de José Antonio. En el escrito se agrega que la veterinaria «brindó servicios de atención» a Frodo, que «los servicios prestados ascienden a la suma de $2.537.150» y que el periodista «no dio cumplimiento al pago por los servicios efectuados». El profesional, por su lado, agrega: «Como ellos no tienen ningún documento mío, ni un cheque en garantía, ni una letra, nada, el juez me tiene que llamar y preguntarme si yo reconozco o no la deuda».
La otra parte. LUN se comunicó con la clínica veterinaria Nueva Costanera para conocer su versión sobre los hechos, pero la administradora general, Claudia Ramírez, respondió: «No estamos dando entrevistas con respecto a esto». El abogado de la clínica, Gonzalo Ramírez, agregó: «Lo único que puedo comentar por el momento es que mi representada intento durante meses alcanzar un acuerdo por el pago de los servicios prestados, y ante la falta de acuerdo y respuesta, iniciamos las acciones legales que corresponden».
Camino legal posible. El abogado Marcelo Ulloa Klug, de la firma legal Uklug, detalla cuál podría ser el camino legal tras la demanda de la veterinaria a Neme: «En Chile existe un procedimiento que se llama citación a confesar deuda. Entonces la persona tiene un plazo y puede decir: Yo no debo nada. Si Neme se presenta y dice: No debo nada, la veterinaria puede presentar una demanda de cobro de pesos. Ese juicio es larguísimo y puede llegar a los cinco años. Si no se presenta o se presenta y da respuestas evasivas, como explicar por qué no quiere pagar, va a quedar configurada la deuda y después de eso le van a cobrar y le podrían embargar por la cifra. Si reconoce que no pagó porque el servicio fue deficiente, la deuda queda confesada o reconocida», recalca.
El tema grande. Neme asegura que en este caso «hay un tema de fondo, que los perros y gatos siguen siendo un bien inmueble. No puede ser que en Chile, si tú sientes que hubo una negligencia veterinaria con tu perro tengas que ir a poner un reclamo en el Sernac, perdónenme, pero no es un teléfono que no funcionó más. Frodo se me murió y ahora tengo ahí sus cenizas. Mientras los animales no sean reconocidos constitucionalmente como un ser sintiente y los veterinarios no estén obligados a regirse bajo el código sanitario, cualquier tipo arrienda una casa y con una tabla atiende perros (ver nota página 17). Lamentablemente, uno confía y le deja lo más preciado, confía que ellos saben lo que están haciendo. Yo no estoy diciendo que los animales sean iguales a una persona, por supuesto que no, pero requieren un estatuto especial, porque tampoco son una batería de autos, pero desde el punto de vista legal, es como si lo fueran. Para la realidad actual de la familia chilena, ese dibujo no tiene ningún sentido».


